Salimos y Bill se encontraba afuera, esperándonos. Subimos a su coche, el cual era muy lindo, lujosos y de ultimo modelo.
Llegamos a el Centro Comercial más conocido de Los Angeles. Tenia tiempo que no pisaba un centro comercial, ya que la mayor parte de mi tiempo me la paso en el trabajo o descansando.
Entramos a este. Vimos varias tiendas, ropa variada, etc. Extrañaba salir de mi pequeña casa hogareña.
Despues de comprar un poco de ropa, accesorios, etcétera, fuimos a comer un helado.
Bill pidio de vainilla, Marlene de chocolate y por supuesto el mio fue de pay de limón. Mi favorito, el mejor de todos.
-¿Que tal tu helado, Ane? - dijo Marlene mientras saboreaba el suyo. -Bien, genial ¡El Mejor! - reí un poco.
- y ¿el tuyo, Bill? - pregunté, mientras el estaba perdido en su helado. -¡Bill! ¿estas ahí? - pregunté riendo
-¿Mande? - Cuando Bill volteo tenia un poco de helado en la nariz. Marlene y yo nos volteamos a ver y reímos. - Tienes helado en la nariz- dije sin contener la risa. Bill se miro la nariz, intentando hacer viscos. Marlene no podía parar de reír, al igual que yo. -Graciosas. - Dijo Bill sonriendo. -Pues tu también tienes en la nariz. - dijo mientras con su dedo embarraba un poco de helado en mi nariz. - ¡Oye! - dije riendo. -¿Me puedes quitar esto de la nariz? - dije sonriendo - Entonces, quita me la nieve de la nariz, tu primero- dijo Bill
-Pero, si yo no te manche a ti - dije disgustada de forma falsa. Bill me miro con una mirada tierna y convincente lo que hizo que enseguida dijera que si. -Ok, ya voy - sonreí y con una servilleta le quité el helado de la nariz. El se acerco a mi y me la quito con tal ternura y delicadeza. Fue bello, lindo y amable. -¡Ya! derraman mucha miel - dijo Marlene riendo. Mi cara fue de confusión y sorpresa al escuchar aquello que mi prima había dicho.
Bill se ruborizó totalmente y agachó su cabeza, sonriendo tímidamente.
Despues de horas de compras, nos dirigimos a el carro de Bill. Bill amablemente nos llevó a mi prima y a mi a el departamento y como buena persona le ofrecí pasar.
Marlene camino a el cuarto y se quedó dormida. Yo le ofrecí a Bill sentarse en el sillón de las pequeña sala.
-¿Quieres algo de tomar, Bill? - le dije amablemente. -Si tienes agua, estaría genial - sonrió -Claro. -
Le serví un poco de agua en un vaso cristalino con 2 hielos. Me acerque a el y se lo dí en la mano. Me senté a un lado de el y prendí el televisor. -Oye, una pequeña pregunta. - dijo Bill dejando el vaso a un lado de el sillón, sobre la pequeña mesa que tenia en sima el teléfono. -¿Por que cuando eramos.. emm.. chicos, te fuiste así, de repente?- Dijo Bill.
Demonios ¿el también esta con esto? - ¿tu tambien? - dije disgustada. - ¿como? - se preguntó - Nada, nada olvidalo. - dije volteando a el televisor. -Necesito que me digas, por favor. - me volteo la cara con sus manos, con sus suaves y lindas manos. Al sentir el tacto que hizo mi piel con la suya, ocurrió un chispa. Cuando lo vi, sus ojos brillaban como la luna, en noches de luna llena, reflejándose en ellos la sencillez, el amor y la ternura que se encuentra dentro de el.. - No lo entenderías. - quité su mano de mi cara, pos andola en un lado de mi pierna y enseguida bajé la cabeza. Tomo mi mano con su mano derecha y con la mano izquierda tomo mi barbilla e hizo que lo mirara. -Yo se que entenderé - sonrió. Su sonrisa perfecta reflejó confianza. Al momento en mirarlo a los ojos, sentí que mi piel se erizó. Sentí cosas en mi cuerpo que no había sentido. Al verlo bien, hice click en su corazón. Sabía que algo no me iba a separar de el. Lamentablemente es humano. Creí haberme enamorado. ¿Será que me enamoré de Bill?
-Anda, soy todo oídos- dijo, mientras mi cerebro y mirada se clavaba en la suya.